Era una tarde de Agosto en los calurosos montes cercaons al desierto de Monegros, en la provincia de Huesca; más allá de los Llanos de la Violada el sol caía asesino de las ropas y anfitrión de los sudores sobre el pico más alto de la zona, que se mal-llamaba el Monte Oscuro.
Un hombre sin camisa ni zapatos movía de un lado a otro una enorme piedra buscando que al agacharse junto a ella le llegase media sombra para resguardarse. Él vivía allí, alejado de todo y de todos, con la piel cuarteada de quemaduras y sorbiendo el barro de los hoyos profundos para beber el poco agua que conseguía obtener. Vivía todos los días sediento y pasaba las noches al raso; pero él había elegido aquella vida. Sus padres habían intentado marcarle un camino, sus novias intentaron venderle opiniones ajenas y sus profesores se obsesionaron con que aprendiera conclusiones de gente muerta hacía muchos años.
Un día decidió dejar toda esa vida difícil de pensar y pensar y no hacer nada y se fuer sin rumbo, quería hacer cuanto pudiese en un lugar más sencillo. "¿Que hay más sencillo que el desierto?" pensó al plantearse aquella vida, puesto que al imaginarse el desierto tan sólo le venían a la cabeza tres elementos: Sol, cielo y arena.
Tras pasar en el desierto un par de días pensó que podría ser el rey de la montaña más alta que hubiese, y hacer así su Reino Simple, sin bandera ni coronas ni tan siquiera población más que uno.
Todo eso estaba escrito en una piedra que encontré en lo alto del Monte Oscuro cuando me perdí por aquellos lares, más arriba, en la cima, encontré a un señor con los dedos cruzados en las oquedades de los dedos de la mano contraria y la mirada perdida.
Al igual que las ideas ajenas y los prejuicios que siempre negó, él también se había convertido en momia.
Eran los albores de la humanidad, una tribu que había nacido en lo que hoy es Ruanda había llegado a los eternos viñedos y trigales de lo que llamamos Albacete. Llevaban vidas huyendo, puesto que las tribus de Kenia y del Congo estaban listas para la guerra y querían hacer lagos de sangre donde los leones fueran a beber y así matarlos para comer la carne de los animales más fuertes.
Tan sólo llegaron al otro lado del Estrecho un puñado de los que partieron. Los hombres que perdieron a sus mujeres amaron a sus hermanas, amaron a otros hombres, amaron incluso a sus padres y a sus hijos, y los que no pudieron amar a nadie se amaron a manotadas con los espíritus de los muertos en las noches que estos se aparecían.
En esa tierra hacía frío, dejaron de andar hacia el norte cuando comprendieron que en el norte vivían los vientos helados de los dioses sin sangre que echaban el aliento porque vivían cansados, y así empujaban un frío viento contra ellos. Allí todo era frío y raro.
Los otros hombres que allí habían eran peludos como ñus, miraban con ojos lejanos y gritaban con gargantas que decían palabras distintas. Los pieles blancas vivían a un lado de las vides y los pieles negras al otro, jamás hablaron hasta que llegó el día del guepardo.
Los pieles negras no habían olvidado la cuenta de sus días y esa misma noche el guepardo debía ser invocado para que trajera a los difuntos. Los hombres solitarios sonrieron todo el día ansiando que el Sol cayera y prepararon las pieles de guepardo que habían conseguido salvar en la travesía.
Al anochecer, un hombre vestido de guerpardo, con la cara tapada por una máscara de madera y por el resto dessnudo, esperaba inmóvil frente al fuego. De entre las sombras de una cueva surgió una mujer también vestida de guepardo y se puso frente a él, separados por el fuego. Los pieles blancas veían de lejos sin saber que hacían los pieles negras. Uno de los últimos cogió dos ramas de olivo y golpeó el suelo con ellas: Primero una, después la otra, la primera, la primera, la otra... Otro de ellos sopló por el cuerno vacío de una cabra siguiendo los golpes de la primera rama y un tercero gritaba con los golpes de la otra... Los vestidos con las pieles de guepardo comenzaron a bailar con los brazos y las piernas y pisaron el fuego hasta extinguirlo. Ya sólo quedaban los sonidos y la luz de la luna.
Entonces las manos de los pieles negras sevolvieron de fuego y al tocar el suelo lo hacían retumbar y seguir el ritmo, y al tocar los árboles recrujían, y al tocar a otros, los tocados rugían desde su corazón y las voces dejaban de escucharse en pos de aquel ritmo mágico que ya les guiaba a todos las pautas de sus movimientos. Los pieles blancas se acercaron, no tenían miedo, estaban alegres cuanto más cerca estaban y entonces comenzaron a tocarles a ellos. Las dos pieles se hicieron blancas y se les cayó la mayoría del pelo, los disfraces de guepardo se peridieron en la noche y se amaron los unos a los otros, pues ya fueron todos iguales. Los espíritus pudieron abandonar el mundo de los vivos y ser amados por los que antes que ellos fueron espíritus en el mundo de los dioses. Nació así la música, nacieron así los primeros pobladores de aquella tierra que nacía más allá de la tierra de donde vinieron aquellos extraños visitantes de más allá del mar. Esa tierra se bautizó con la unión de los nombres de los baliarines vestidos de guepardo, el se llamaba Eur y ella era Opa.
Pablo paseaba por el puerto de Santa María, era 1957 y
faltaba una semana para Miércoles de Ceniza. Cádiz celebraba su carnaval y por
unos días, o mejor dicho, unas noches, los problemas quedaban a un lado para
despertar al día siguiente. Sus padres le habían dado unas cuantas pesetas para
comprar regaliz, a él apenas le gustaba el regaliz pero sabía que era un
pretexto para que sus padres celebraran el carnaval a su manera.
Paseaba por las barracas del puerto entre gritos de
chirigotas y vino peleón desparramado por los suelos.
Unos gitanos daban palmas en una barraca cercana y otros que
los miraban se palpaban los bolsillos como si estuvieran nerviosos. Uno con
cara de cabreado sacó del bolsillo una navaja que relució bajo la luz de los
faroles, hasta que otro gitano con el pelo más largo le bajó la mano mientras
le agarraba la nuca con la otra mano, le reprendía muy cerca y le echaba
salivazos al hablar.
Un payaso exhausto llenaba globos a pulmón y buscaba a quien
se los comprara sonriendo a todo el que pasaba.
Tocaban las 10 de la noche y en breves la gente se
recogería. Pablo miraba un puesto en el que unos viejos enjutos rascaban las
guitarras mientras una chica vestida de sevillana taconeaba con una mirada que
parecía desafiar a los ojos que se tropezaran con los suyos. Pablo la observaba
ratos tan largos como podía, hasta que ella giraba en su dirección y él le
bajaba la mirada. Un cura bebía al lado del tablao al grito de “!Guapa, guapa!
¡Ole, ole y ole las cosas guapas!”. Pablo, con la cabeza gacha, se miró la
medalla de la Macarena
que le pendía del cuello y se fue de allí por no saber donde mirar ni que
hacer. Se sentó en un banco a esperar un rato y volver a casa. Un borracho se
sentó a su lado:
-¿Sabes quien hizo este banco? ¡Los moros! Casi todo lo que
hay en Cádiz lo hicieron los putos moros. Son muy lissstos, yo he sido legionario y te digo que para cuando tengas
hijos nos comen en Melilla ¡Que ya no hay cojones, hostias! Que están las
tropas amariconás, se creen que la
guerra ha terminado. Dicen de hacerse amigos los moros y los maquis y acabamos
todos con alfombras en las paredes y llamándonos “camaradas”.
-Vaya una panda de masones- dijo Pablo sin tener ni idea de
lo que decir
-¡Exacto chico! Veo que sabes de lo que hablas ¿Fumas?-le
preguntó mientras le acercaba un cigarrillo
-¡Deja en paz al crío Paco! ¿No ves que no tiene cara de
fumar?-dijo una voz a sus espaldas. Pablo miró para atrás, era la bailaora del
tablao; que venía sudando, con el maquillaje corrido y los brazos en jarra de
lo acostumbrada que estaba a esa postura.
-Joder María ¿Y eso que tendrá que ver? Yo ya fumaba con 8
añicos, y este más cara de crío que yo entonces no tiene.
-Anda, tira pa la
casa a dormir la mona.
-Chsss eh, pero porque yo quiero, que te conste-dijo
mientras abandonaba la feria haciendo “eses” y hasta “oes” cuando se perdía
-Perdónalo chiquillo, es que se pone muy pesado cuando bebe.
-¿Qué?-dijo Pablo que no había prestado atención a lo que le
decía
-El hombre del banco, es mi tío Paco que se emborracha y se
comporta como un crío chico.
-No se preocupe señorita
La bailaora se echó a reír.
-¿Pero por qué me tratas de usted chiquillo? ¡Si sólo te
sacaré un par de años! ¿Cuántos tienes?
-19
-¡Válgame la
Virgen del Rocío! Pero si me sacas uno, mi alma. Con la cara
de niño que tienes…
-Ya… me lo dice mucha gente-a parte de eso, no sabía que
decirle-¿Tienes hora?
-Las 11 menos cuarto quillo.
-¡Hostias! ¡Que tenía que irme a y media! Ha sido un placer,
eres muy guapa, hasta luego-dijo apresuradamente mientras se iba.
Pablo echó a correr mientras pensaba “¿Eres muy guapa, hasta
luego? ¡Seré gilipollas!”.
Volvía a su casa mirando al suelo para no cruzar la mirada
con nadie por no dar una excusa a los borrachos para buscar pelea.
-¡Tú, piltrafilla!-dijo una voz a sus espaldas
“Mierda, el sereno” pensó.
-¿Qué vienes, del carnaval tu también no? Muy callado vas, a
ver pájaro, échame el aliento.
-No he bebido señor.
-¿Te he pedido que me contestes acaso? No, que me eches el
aliento te he dicho lumbreras.
Pablo obedeció.
-Pues no has bebido no ¿Por qué vienes tan mustio entonces
nene?
Pablo no le iba a contar que llegaba tarde a casa y que sus
padres estarían despierto esperándolo porque no tenía llaves.
-Nada, la novia-mintió
-¡Bah! Con lo putas que son las mujeres mejor harías en irte
al burdel, te cuesta los dineros pero al menos no te quita la cabeza.
“¿Por qué no me deja en paz este tiparraco?” pensaba Pablo.
-Anda venga, tira a la cama chaval, cuatro pajas y te
olvidas de esa zorra.
-Buenas noches-“¿Por qué todos los personajes me hablan esta
noche a mí?” pensó
Andaba ya con las manos en los bolsillos y siempre debajo de
las farolas, llegó a su casa cerca de la calle Primo de Rivera, dio la vuelta a
la esquina, sacó las manos de los bolsillos y se quedó petrificado.
La casa estaba ya negra, el hollín recubría toda la fachada
y los dinteles de las ventanas se habían caído sepultando el que pudiera salir
nadie. Pablo no podía pensar y respirar al mismo tiempo, apenas conseguía
hacerlo por separado. Allí no había nadie, no lo entendía, por mucho que fuera
carnaval; alguien debía de haber visto algo, haberse asomado a golismear aunque fuera, había charcos en
el suelo, alguien tuvo que apagar el fuego para que no se derrumbara la
fachada. Pero allí no había nadie.
La puerta estaba sepultada, se echó al suelo y empezó a
apartar ladrillos histérico. Pegó una patada a la madera carbonizada de la
puerta y entró agazapado. No reconocía el salón, la cocina tenía un hueco
enorme en el techo sobre el lugar en el que antes estaban las bombonas de
butano, de las cuales ya sólo quedaban jirones de metal entre los escombros que
cubrían las losas haciendo un nuevo suelo. Cruzó el pasillo casi sin aire y
tropezando a cada pocos pasos con los casquillos. Llegó a la habitación de sus
padres y se encontró dos bultos negros encogidos sobre la cama y abrazándose.
No quedaba ya nada de piel que permitiera reconocerles a quienes no los
conocieran. Salió de allí sin llorar, sin gritar, completamente en estado de
shock, sin saber lo que hacer, decir o pensar.
Salió de su casa en ruinas y se
encontró una oscuridad envolvente y abrumadora y una ráfaga de aire frío que
acompañaba a su sangre helada y más que helada. Vio entonces a lo lejos una
mancha roja rompiendo la noche. Era un vestido de sevillana, era ella.
-Como son las cosas… No me imaginaba que fuera tu casa.
-¿Has sido tú?-dijo Pablo clavándole sus ojos azabaches
-¿Cómo voy a ser yo criatura? Han sido los grises, que han
dado a tus padres por rojos. Mi tío me dijo que iban a hacer caza esta noche,
que la gente está menos atenta, feliz y a sus cosas.
-¿Tu tío…?
-Tampoco pequeño, a él sólo le han dado el soplo
-Voy a matarlos…
-¿Quieres que te maten a ti también no?
Calló.
-¿Cómo te llamas?
Siguió callado un rato.
-Pablo-dijo al fin-como mi padre…
La sevillana le puso los brazos por encima como si fuera un
abrazo.
-Yo soy María-y le abrazó dejándole caer la cabeza sobre el
hombro. La rosa del pelo estaba a la altura de la boca de Pablo, le molestaría
si no fuese porque ya poco le importaba-anda, vente conmigo esta noche, que
hace un frío de mil demonios.
-Voy a matarlos…
-Eso no te va a devolver a tus padres Pablo-enmudeció-sólo
te dará una cama de pino
-Me da igual que me maten si me los llevo por delante…
Pablo, que desde que lo abrazó María no miraba a ninguna
parte bajó la cabeza, María lo achuchó, su hombro rozó la mejilla de Pablo y
este se echó a llorar. Al terminar, ella lo besó.
-Vente a mi casa esta noche
Pablo no respondió, se lo llevo de la mano y le dio una
vida. Pero no fue suficiente.
Trece meses después todo un cuartel amaneció en silencio y
ese día, los gitanos camparon a sus anchas y se mataron escopetados y a
navajazos. Todos los policías del barrio de Santa María aparecieron muertos.
Encontraron a Pablo dos años después en una montaña de Jaén. Lo sentenciaron a
garrote vil y lo ejecutaron mientras María le lloraba sin fuerzas para salir de
su casa.
Lo mataron por haberlo encontrado en la montaña con los
maquis, nadie más que María supo lo que en verdad hizo. Era ya 1960 y la gente
seguía desapareciendo de las calles de España sin razones, sin que nadie nunca
supiera nada.
Todos pensamos en lugares
abandonados, fríos, lejanos, exóticos y en los que se hablan lenguas que nadie
que tu conozcas puede comprender.
Pero los lugares son tan sólo
espacio físico y es la gente la que crea los mitos.
Sucedió hace poco menos de un
siglo algo en la capital del país.
Ernesto era un anciano que
vivía en el cuarto piso de un edificio cualquiera de Hortaleza, había acabado
la guerra y a él le daba igual. Le daba igual que hubiesen ganado los
franquistas, le importaba tan poco como si hubieran ganado los republicanos. Él
nunca tuvo mayor problema que pagar las lechugas a un precio mayor y taparse
los oídos cuando cayeron los bombardeos. Él nunca puso el puño en alto ni
levantó un brazo en diagonal, nunca clamó el "Arriba España", tampoco
el "Ni un paso atrás". Él tan sólo intentaba vivir como pudiera.
Su hijo no siguió su ejemplo,
su hijo cogió la por aquel entonces novísima cámara de su padre y se fue al
frente republicano. La primera vez que salió por la puerta le dijo que él
dispararía balas y fotografías contra aquellos que querían imponerse contra lo
que toda España había decidido. El hijo de Ernesto hizo fotos de la Batalla del
Ebro, de las violaciones sucedidas en Málaga, de Hemingway y Jonh Dos Passos
cuando tuvo el placer de conocerlos, de los barcos que exiliaron a los niños
del frente republicano. Pero él nunca llegó al exilio, no pudo volver a cruzar
la puerta de su casa, dos balas tenían su nombre y cuando las dispararon ya
estaban enamoradas de su pecho y de su cuello. Esas balas le mancharon de
carmín sangriento los labios y le prometieron quererle por toda la eternidad.
Sus fotos desaparecieron de
este mundo con él.
Ernesto no volvió a salir de
su casa, todos lo dieron por muerto. No volvió a hablar ni consigo mismo ni a
rezar en un Dios al que ya no guardaba simpatía, sus huesos se acomodaron al
hueco que con su peso él imponía en el sillón orejero de cuero y tapete blanco
que su mujer le cosió antes de abandonarles a él y a su hijo años atrás.
El comunicado oficial
apareció una mañana por debajo de la puerta pero él no necesitó leerlo.
No cayeron lágrimas.
Pasaban los días y todas las
mañanas sin falta un gorrión picoteaba el cristal sin que Ernesto se inmutara.
Un día no sonó nada y
Ernesto, sin apenas darse cuenta de que hacía, se levantó, fue hacia la ventana
y encontró una pistola que aún olía a pólvora, como recién disparada. Vació el
cargador y se encontró con una sola bala con una inscripción en letras
plateadas: "Feliz día del Padre"
Se apoyó el cañon en el pecho
y le dió la vuelta a la historia de Cristo, siendo el Padre el que se
sacrificaba y el Hijo el que le esperaba con los brazos abiertos.
Disparó y su cadáver
desapareció en el estallido volviéndose líquido de las lágrimas que no derramó
en todo ese tiempo.
Meses más tarde, dos guardias
fueron a comprobar si Ernesto había muerto y al abrir la puerta, el mar de
aquella casa los desterró por siempre del edificio.
Cuando volvieron a entrar,
vieron que el moho había invadido la casa, y que este adoptó la forma de las
fotos perdidas del hijo que Ernesto volvió a encontrar más allá de la tierra de
las penas.
Hace mucho que no escribo gracias al gracioso de mi ordenador, de todas formas llega el fin del año y hace tiempo que no hago una entrada con fotos mías. Por esto mismo voy a narraros a partir de fotos algunas anécdotas de un personajillo como yo:
Festivales:
Más o menos, los festivales son ya los mismos grupos de siempre, he visto a Ska-p, a Pennywise, a Soziedad Alkoholika y a lo que queda de los Ramones vivos (el batería).
Mucho momento camping, mucho soportar las tentaciones del cuerpo tales como ir al baño con asiduidad, mucha fiesta y mucho movimiento. Si quereis adelgazar id a un festival!
Toda una fauna por los cerros del rock n' roll. Vacas, osos panda y si eres de los que le molan lo psicotrópico también puede ser que vieras dragones y duendes pero eso amigo mío, no eran personas disfrazadas
¿Qué me queda por decir salvo que me encanta tener un grupo de amigos a los que les dices concierto y les faltan las ruedas y el saldo para organizarlo todo? Creo que nada a excepción de que la noche es para los valientes, dormir es de cobardes y el insomnio entre las sábanas para los hippiepollas. -Tú que dices, magdalena o muffin? +Magdalena -MODERNO!!!! Que se la has chupado a Amancio Ortega, que te ha vomitado Pull and Bear, que las gafas no te caben por la puerta del Starbucks. -Perdona chica estás sola (ni te mira) +NORMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL!!!! jajajajajajajajaja xDDDDDD -Acho pues mi postura sobre el conflicto palestino-israelí radica en que... +Cállate imbécil -QUE TE PUDRAS!!! Una tienda salió volando en el Viña pero al menos no hubo ningún madrileño tirandose a ríos de cuatro centímetros de profundidad.
Casa rural:
Pues como ya es costumbre entre mis amigos de clase, hicimos un viajecito a los campos de Bullas para comenzar bien el curso. A la misma casita de siempre sin cobertura pero con futbolín. Aunque a mí la piscina y el alcohol me garantizaron unos cuantos planchazos señalados en fotos como la siguiente. Nunca os pimpleis una botella de orujo a las cuatro de la tarde tras comeros una sartén de espaghettis, hincharos a cerveza y a ron. Creedme, no da buen resultado...
Y así los pieles rojas destruyeron a los rostros pálidos.
Cuando has bebido lo suficiente como para preñarte de alcohol y te has reído tanto que te ha dado flato en un sofá acabas diceindo cosas estúpidas, sacando la guitarra y componiendo canciones sobre la temática de las tetas de tus amigas y de los cojones de tus amigos... y jugando al Call of Duty como hijos de puta!!! XD
¿Mirar a cámara? ¿Para qué? No es la primera vez que me apunta un láser
Novatadas:
A dos días de hacer las novatadas no teníamos disfraz, pero ir de indios siempre ha sido barato ¿Que se puede decir sobre las novatadas? Mucha mierda, mucha birra, conversaciones que no nacieron para ser recordadas, mucho fumal, mucho cantar, mucho de aquí para allá, "¿Donde está Chema?, ¿Quién es Javi? Polla, give me fire!, Ese tio es imbécil que puto asco da..., a ese ni caso que es de publicidad, QUE NO SOY GAY COPÓN!, y.... -EN LA ERA DE LOS ROMANOS! +EN LA ERA DE LOS ROMANOS! -NO EXISTÍAN LOS CONDONES! +NO EXISTÍAN LOS CONDONES! -Y LO HACÍAN LOS MUY CABRONES! +CON PELLEJOS DE SALCHICHONES!!
Universidad:
Que gusto da este año sentir que haces algo relacionado con tu carrera y que tienes prácticas, es lo que tiene el segundo curso y el mucho quejarse. Quejaos siempre gente, que aún sigue siendo gratis. He redactado mucho, he locutado, hecho boletines, me he puesto delante de una cámara y cada día cuesta menos y gusta más...
Espero que os haya gustado muy-mucho. Hasta la próxima! ;)
Bajo la luna de Santander cuentan las lenguas que siempre hablan de conocimiento hasta que callan por miedo que existió un niño especial donde los haya.
Marzo de 1589.
Una madrugada al amanecer, tras una noche de tormenta, se despertaron los santanderinos aún frotándose los ojos y rascándose la espalda. Aquella tormenta había sido muy fuerte, pero la Virgen de la Mar, que para algo era su patrona, había protegido sus barcos pesqueros.
Algo había en la orilla, algo que no debía estar allí.
Creyéndo que era algún tipo de pez varado en la orilla, los vecinos más despiertos del barrio de los pescadores se acercaron a la arena. Al acercarse vieron que no era un pez, pero tan sólo cuando estuvieron a unos metros de distancia se dieron cuenta de que era un niño.
Este estaba inconsciente, boca abajo, los párpados habían sepultado sus ojos inamovibles, dudaron de si estaba muerto o vivo. Al intentar levantarlo para ver como se encontraba, un vecino que fue a cogerlo por los sobacos tan sólo se encontró con el vacío y una sensación que le hizo erizarse y encogió todos los órganos, músculos y huesos de sus adentros.
Miró al niño sin saber que había pasado mientras el resto le miraban a él extrañado. No sabía que había pasado, ni siquiera sabía cómo reaccionar. Pensó que habría sido por el frío natural de la mañana y que se estaría resfriando, que igual no había calculado bien la distancia con el chico porque comenzaba a tener fiebre y eso quizás tuviera algo que ver.
Una mirada le bastó para comprender que aquel niño no tenía brazos.
Se horrorizó al principio, sintió una mayor compasión, pero entonces fijándose se dio cuenta de que algo donde deberían ir sus brazos hacía sombra.
Los vecinos seguían mirándole pero él no les hizo ni caso.
Asió al niño desde por el abdomen y las piernas y lo levantó en peso, al mirarlo a una luz completa vio que este no tenía brazos como antes se había figurado, pero tenía unas sombras con forma de brazos que nacían de su clavícula.
Se asustó, lo dejó caer y el niño empezó a lllorar. Aquel vecino, presa del pánico, empezó a tirarle arena a la boca para intentar callarlo. El resto de vecinos lo paró y se lo llevaron de allí.
Pronto, todo Santander estaba allí, mirando al niño con brazos de sombra.
Le preguntaron que donde estaban sus padres y este negó con la cabeza. Le preguntaron si entendía castellano y no contestó. Le preguntaron muchas cosas pero no sacaron nada en claro, el niño ya se había dado la espalda y miraba al mar sin prestar atención al resto del mundo.
Fue cayendo la tarde y la gente comenzó a irse, nadie quería acogerle.
Una niña pequeña, regresando a casa con su madre lo vio, le preguntó a su madre que quien era aquel niño que miraba el mar y ella le respondió que era un niño maldito.
Cayó la noche y aquella niña salió por la ventana de su casa a preguntarle a aquel niño que por qué estaba maldito. El seguía allí.
-Hola-dijo la niña a espaldas del niño- Me llamo Alba ¿Cómo te llamas tú?
El niño se dio la vuelta para mirarle.
-Madre dice que estás maldito ¿Por qué?
No respondió
-¿Por qué tienes los brazos negros?
Silencio
-¿Por qué no hablas?
Silencio
-Ah claro, porque es de noche y no quieres que despertemos a nadie ¿verdad?
Silencio
-Está bien pues entonces me acercaré para hablar bajito
Alba se acercó y vio que, justo donde terminaba la carne y empezaba la sombra, aparecía un rincón más oscuro que la propia noche, y que si podía verle los brazos por la noche, era porque esa sombra era luminiscente cuando uno se fijaba y estaba cerca.
Una vez se sentaron juntos frente al mar ambos callaron, mirandose a veces notándolo y sin notar las miradas.
-Soy sombra-dijo el chico rompiendo el silencio -Encantada Sombra-Alba creyó entender que ese era su nombre Comenzaron a hablar y la noche fue pasando, de una conversación a otra olvidaban la anterior y disfrutaban más de la presente.
Comenzaron a clarecer las primeras luces de la mañana. -Es casi de día Sombra, tengo que irme a mi casa o madre se preocupará -Me ha gustado mucho hablar contigo Alba -A mí también Sombra Alba abrió los brazos para darle un abrazo, el chico intentó hacerlo pero sus brazos atravesaron el pecho de Alba. Se sintió avergonzado y agachó la cabeza, seguro que la había hecho sentir mal, como a aquel hombre esa mañana. Pero Alba no se sintió mal, agachó ella su cabeza y le besó en la mejilla. -Nos vemos mañana a estas horas- le dijo mientras corría por la arena para volver a casa. Sombra la miró estupefacto hasta que esta cerró la puerta de su casa. En ese momento amaneció y aquel chico desapareció. Así, durante el resto de los días de la eternidad las sombras del mar desaparecieron al alba en Santander, protegiendo esta luz a los marineros de todo el mundo.
Hace ya tantos años que ya nadie recuerda lo que contaban los ciudadanos de Teruel cuando comenzaba a conocerse la ciudad por ese nombre. Ya por aquel entonces contaban las abuelas a sus nietos que ningún lugar del mundo tenía el cielo nocturno de Teruel, las estrellas que no se veían en los los mitos de los griegos ni en los jeroglíficos de los egipcios tenían su hogar en el cielo de la ciudad aragonesa. Los reyes al morir bajo el manto de la noche vislumbraban sobre su lejana corona que les lloraba sobre una mesilla por jamás volver a ver su testa, las lágirmas brillantes de los cien millones de estrellas que se abarcaban entre sus muros. A las afueras de la ciudad nació una niña admirada por unos, repudiada por otros por tener los ojos escarlata. Esta niña no tenía padre ni madre y siempre miraba al cielo de tristeza por sentirse como los insectos que se arrastraban sobre la mugre igual que ella pasaba por la vida. Un día, un forastero envuelto en su capa de raso, su ancho sombrero y sus zapatos lustrados preguntó el camino hacia el Ebro. La niña respondió mirándole a los ojos, pues era una niña que nació triste pero sin miedo. El hombre al ver sus ojos ardientes como el fuego y relucientes como rubíes bajo del caballo, manchóse los zapatos y mirándola muy fijamente le preguntó: -Niña ¿Tú quién eres? -No tengo nombre señor -¿Quiénes son tus padres? -No tengo padres señor El hombre la miró entre apesadumbrado y atónito.
-No puede ser que unos ojos como esos no tengan de padre sino a un dios y de madre a la fortuna. Los dioses del cielo son las estrellas, y a ellos debemos estarles agradecidos por alumbrarnos cuando la vida se hace dura y cae la oscura noche sobre nosotros. Ven conmigo niña, yo te llevaré a un sitio mejor.
La niña subió al caballo con él, no tenía nada que perder en su vida...
Ambos llegaron a las puertas de la ciudad cuando cayó la noche. Los guardianes de la muralla impidieron el paso obligando a aquellos dos extraños a que se identificaran por querer acceder a tan altas horas de la noche. Aquel señor dio una perorata sobre quienes eran sus padres, sus abuelos, sus hermanos, el maravilloso lugar de donde venía y los terrenos que alrededor se hallaban bajo su posesión. La niña quedó callada mientras acariciaba al caballo. De pronto se acercaron los guardias gritando y cogiéndola del rostro le levantaron la barbilla quedándo su cabeza mirando el cielo abierto. El señor gritaba iracundo, pero la niña estaba feliz contemplando el cielo. Nunca lo había visto, era tan oscuro y tan brillante, tan hermoso... De repente se fijó en una estrella que desapareció, gritó aterrada y el señor la abrazó. -Se ha apagado una luz -A veces ocurre jovencita. Son casi tan mortales como nosotros La niña se enfadó !Ella quería ver todas las luces del cielo! Se fijó en otra estrella frunciendo el ceño y esta se volvió tan roja como su mirada y de repente estalló, dejando el cielo iluminado de rojo. Los guardias se asustaron, uno echó a correr para no volver. A la niña los ojos se le tornaron verdes, el señor se percató y miró las estrellas, la niña volvía a centrar su mirada en una que tras volverse de color verde, restalló dejando el cielo del color de las praderas. Los guardias cerraron las puertas negando paso a nadie y fueron a informar al rey moribundo. Los ojos de la niña eran ya azules y dos estrellas estallaron en azul, luego pasó lo mismo con el violeta, el naranja y el amarillo. Aquella niña podía destruir las estrellas en colores con tan sólo mirarlas. No se cansaba de mirar y cada vez estaba más cabreada -!¿POR QUÉ?!-gritaba El cielo desaparecía, pronto quedaría a oscuras, toda la gente de las afueras miraba el espectáculo y tras la destrucción de muchas estrellas se dieron cuenta de que la primera que miraba era la niña. Aquella niña podía destruir las estrellas.
Entonces aquel señor sacó un cuchillo de las alforjas del caballo y degolló a la niña que detruía las estrellas, la niña que mataba a los dioses, la niña que asesinaba a sus padres.
Se hizo el silencio y el cielo dejó de oscurecerse con la sangre de aquella niña.
Desde entonces todas las noches encendían faroles en las calles por miedo a que alguien volviera a destruir las estrellas. Esos faroles con el tiempo se convirtieron en farolas y en todo el mundo se hizó homanaje y tributo a la muerte de una niña maldita pero inocente que hacía de las estrellas destrucción de colores, que hacía en el cielo nocturno los primeros fuegos artificiales.
Antonio Machado decía que la vida era camino que se hace al andar, Jorge Manrique que ríos que van al mar que es el morir, Calderón de la Barca que eran sueños y los sueños son la realidad, Charles Baudelaire que era un tedio insoportable del que tan sólo el fin nos consigue liberar por completo...
Mañana a estas horas habré cumplido la segunda década de estar vivo, de estar respirando, de estar bombeando sangre, de estar sonriendo.
Para mí la vida es una partida de ajedrez:
Los peones son los actos, lo primero que mueves tu rival, son pequeños, en realidad a veces insignificantes pero sin ellos no se define la partida.
Las torres son las opiniones, podrán ir hacia un lado o hacia otro pero siempre van de frente o ladeandose para aceptar nuevas opiniones que nacen de fuera
Los caballos son las decisiones, cuando empiezas a jugar te cuesta aprender como se manejan y las repercusiones que tienen pero pronto estableces un patrón y acaban siguiendo una serie de principios que te autoimpones
Los alfiles son los ratos en silencio y en soledad, en un sólo momento se han recorrido el tablero y han visto todo lo que no se ve desde el otro lado. Son involuntarios, son pensamientos paralelos de tu mente, todo aquello que sabes y te acabas callando a ti mismo para descubrirlo tan sólo cuando te derriban.
La reina son las palabras, el poder de convicción. Con ella puedes ir a todas partes, es la pieza más valiosa y el saber manejarla te supone el poder vencer al resto de las piezas del rival con una facilidad sumamente mayor.
Por último, el rey es el corazón... Se mueve más bien poco pero en esos movimientos de esconderse o de atacar cuando ya estás arrinconado son los que deciden el final de la partida.
El final triste. El final feliz.
El final inconcluso de García Márquez. Como dijo Shakespeare: "El ser o no ser... esa es la cuestión"
Jamás dejes que te derroten a no ser que quieras rendirte. Ahí está la felicidad.
Aquí desde Villena nosotros los leones, vosotros las hienas.
El mundo sigue igual, en manos de hijos de puta, no lo quieren cambiar.
Disfruta, si puedes
Pensar, hablar, discutir, razonar. No sigas con esas, no te van a dejar
España 2013 Ha llegado el hambre, como no cambie la cosa pronto vendrá la sangre.
Nos pide el gobierno, sindicatos, el FMI, la patronal "Comienza a colaborar" se quedarán a gusto los subnormales, no saben que la cena ahora es la comida y todo es en el comedor social.
Se acabaron los restaurantes ¿Quieres que gastemos? Danos el dinero, restaura lo de antes.
No nos das lugar habrá que reaccionar.
Recortes en tu cuello ¿Me llamas asesino? vamos a hacerlo así Yo te mato, a la cárcel, gastos pagados y viviendo del Estado
Ayer empecé con la saga de las leyendas, y en breve seguiréescribiendo, pero hace mucho que no hago una entrada cómica y tras leer mis últimas entradas y por el simple hecho de ver las noticias todos los días, creo que tanto yo como vosotros nos merecemos un poco de humor por estas fechas.
Hoy os contaré por tanto, una historieta sobre la vida de un conocido político en la cárcel en la cárcel. Espero que la disfruteis riendo casi tanto como lo hago yo escribiéndola.
Prision Brakecenas
Luisito se levanta todos los días a las 7 de la mañana rascándose el pandero y esperando un desayuno en la cama. No es hasta la tercera pasada de rascarse cuando se da cuenta de que no está en su casa.
"Putos sobres" se dice a sí mismo. "Bueno, por lo menos no me pillaron la farlopa..."
Se va a desayunar con sus compañeros presos, una gente muy elegante que nadie sabe por qué, pero visten todos con bermudas.
Le sirven una manzana, una tostada y un vaso de leche con tan sólo tres galletas "Ni en Guantánamo macho..." se dice para sus adentros creyendo estar en el Tercer Mundo.
Distraído y jugando con la comida mira Twitter, viendo lo que escribe la gente: "NoSotRoH nO XaVemOH nAH DeR LuiSiToH" tuitea su amigo Mariano, el hijo de la Puri y presidente de no se qué. A Luisito se le cae el alma al suelo, pero lo marca como favorito para joder. -Señor policía me puede usted dar más puros -La hostia Luisito, o no te das cuenta de donde estas o es que quieres acelerarte el cáncer macho. Hoy mismo te van a embargar la casa, yo creo que es un buen momento para que dejes de fumar. -Tengo un amigo que puede ascenderle a sargento -Luisito coño, no te pongas en ridículo que ya soy sargento, cómete las galletas anda -PERO ES QUE NO SON FONTANEDAAAAAA -Ya basta Luisito! Que te mando a la celda de pensar! -Seré bueno... -Eso no hay quien se lo crea... Tras desayunar llega el tiempo libre, algunos reclusos van al gimnasio, otros leen en sus celdas... Pero evidentemente, nuestro Luisito es de los que se dedican al contrabando de tabaco. -¿Sabías que yo conozco al gerente en España de Winston? -¿Conoces al de los porros? -Pues verás... creo que no... -Pues entonces cállate y sigue amontonando cajetillas
Evidentemente, Luisito se quedaba con parte de las cajetillas que amontonaba escondiéndolas debajo de la cama. "Claro, a eso se refería mi madre cuando me decía que escondiera el dinero en el sobre..." pensaba para sus adentros. -Luisito ha llegado un sobre para tí -NO SÉ DE QUÉ ME HABLAS!!! -Tranquilo hombre, que solo es un telegrama. Joder... para ser tan grande y tan feo eres muy miedica ¿eh macho? Luisito cogió el sobre y leyó que el remitente, era su amigo Albertucho de Vallecas. "¿Quieres tener un pene más grande?!No esperes más! RABOCIL 600!!! con sólo dos sobres al día tu pene será..." "No tengo amigos..." Pensó entonces. Es cierto, justo despues de pensarlo se tiró un pedo pero LO PENSÓ. Luisito se encontraba sólo y triste teniendo que compartir baño y obligado algunos días de la semana a limpiar el comedor. "¿Qué he hecho yo para merecer esto?... Ah sí..." pensaba continuamente.
Pero nada le levantaba la moral más que pensar que dentro de poco vendrían todos sus amiguitos a jugar con él. Eso y que aún nadie le había pillado el tabaco que guardaba en su cama. "Para la próxima vez, enviaré el dinero metido en camas, así nunca sospecharán los periodistas". Y así Luisito se pasaba las horas, hasta que llegaba su amigo de cuarto, si si, el mismo amiguito que le había descubierto que era homosexual. Y jugaban a lo que Luisito llamaba: "Empujar a la caca con un sobresueldo"
CHIM PUM!
Espero que os hayais reído, aunque no podais ya mandarme sobres, siempre podeis dejar comentarios XD Hasta la próxima que será en breves!